La Vuelta Al Mundo

La Vuelta al Mundo es uno de los malabarismos más vistosos que puede hacer un futbolista. Si te gusta este deporte, sabes de lo que hablo.

El futbolista realiza toques de balón sin que éste caiga al suelo. En uno de ellos, golpea el balón al mismo tiempo que lanza su pierna alrededor del mismo completando una vuelta total.

Su pie pasa por encima de la pelota y la recoge de nuevo por debajo, continuando con los toques. Una vuelta de 360º.

La dificultad del movimiento

Por lo general, cuando ves como lo hacen, resulta atractivo, pero no parece especialmente complicado.

Luego, lo intentas. Una vez, dos veces, tres… Las que hagan falta. No lo consigues. Hay muchos motivos, muchas formas de fallar, pero hay una que se repite con mucha frecuencia: tu pierna choca una y otra vez con el balón cuando intentas superarlo.

Miras otra vez ese vídeo en YouTube. Ves al tipo haciéndolo tantas veces como le da la gana. Pasando la pierna con facilidad por encima del balón para terminar recogiéndolo. Lo hace sin demasiado esfuerzo. Lo repite sin parar. Pero tú no consigues superar ese obstáculo.

La técnica

Al final, todo es un tema de técnica. El giro de la pierna tiene que ser rápido. Tiene que ser más rápido que el balón. Es una carrera para ver quién llega antes, el balón o el pie.

Empiezas a practicar. Hay una ley que no suele fallar. Si practicas lo suficiente, las cosas suelen salir. No es una ciencia exacta, pero se confirma casi siempre.

Lo intentas dándole velocidad a tu pierna. Lo intentas otra vez forzando un poquito más. La pierna no coge toda la velocidad que te gustaría. El resultado siempre es similar. No superas el balón.

La fórmula

Después de muchos intentos, lo dejas. Has probado el giro de todas las formas posibles. Con la pierna estirada, con la pierna menos estirada. De dentro a fuera, de fuera a dentro. El resultado siempre es el mismo, fallo.

¿Por qué fallas? La explicación es más sencilla de lo que parece, aunque hay pocos que se dan cuenta.

Fallas porque te estás centrando en la operación menos importante: el giro de la pierna. Puedes girar la pierna como quieras. Más rápido, más lento, más…

Da lo mismo cómo lo hagas. No es ahí donde está la fórmula del éxito. La fórmula del éxito está en el golpeo de la pelota. En cómo la lanzas hacia arriba.

Todo consiste en golpear la pelota al mismo tiempo que inicias el movimiento de la pierna. La pelota coge un ligero efecto y alcanza poca altura. Así, el pie ya está en movimiento y tiene suficiente ventaja como para girar alrededor del balón y completar el giro. Se acabó.

La Vuelta al Mundo

Hay muchos tipos de Vuelta al Mundo. La del fútbol es la típica. La que todo el mundo conoce. Pero tienes Vueltas al Mundo en tu vida y en tu negocio.

La mecánica siempre es parecida. Si te centras en algo que no es fundamental, da lo mismo lo que te esfuerces, tus resultados siempre serán los mismos: malos.

Pero si entiendes qué parte del proceso, actividad, operación,… es la que realmente importa, entonces sólo tienes que golpear ligeramente el balón, pasar el pie por encima y completar la vuelta. Eso es todo.

Salvador Figueros

El Plantón

banco verde

Durante el servicio militar, corría por el cuartel una historia muy curiosa.

“En un determinado momento, se anuncia la visita de un Teniente General. A partir de ahí, se pone toda la maquinaria en marcha.

El jefe del acuartelamiento toca limpieza general. Se limpia todo. Se arregla todo. Todo se pone en perfecto estado de revista.

Un poco de pintura

En medio de toda esta locura, se va un poco más allá. Cuando la limpieza no es suficiente, se pinta. Paredes, puertas y… bancos.

Luego, para evitar que la gente se manche con todo este montón de pintura, se colocan plantones.

El plantón es una figura muy militar. Pintas algo y colocas un plantón. Pintas un banco y colocas un plantón. Pintas… ¿Qué es un plantón? Básicamente, es un soldado que se coloca al lado del banco recién pintado y evita que la gente se siente en él.

El Teniente General

Al final, llega el Teniente General y pasa revista al acuartelamiento. Todo está perfecto. Todo está en orden. Todo está impecable.

Cuando se va el Teniente General, el cuartel vuelve a la normalidad. Pasa el tiempo y todo parece que está en su sitio, que está donde tiene que estar. Hasta que un día, después de muchos años, alguien pasa al lado del banco, ve el plantón, que todavía está allí, y se pregunta: “¿Qué hace este soldado aquí?”.

Momento de pánico. Todos se miran buscando alguna explicación y alguien dice: Bueno, está ahí porque… siempre ha estado ahí”

El “Plantón” de los negocios

Todos los negocios tienen plantones. Algunos son grandes y evidentes. Otros pasan más desapercibidos, pero siguen allí.

Evidentes o no, todos tienen el mismo efecto. Todos son una prueba incontestable de las inercias que vas acumulando. De todas las inercias que vas instalando en la gestión de tu negocio. De las inercias que despilfarran recursos, disminuyen la eficacia y hacen que tu compañía no funcione como te gustaría.

La mejor fórmula

La buena noticia es que hay una manera de acabar con ellos. Es sencillo, pero necesitas constancia.

La fórmula es simple. La fórmula para evitar que tu compañía se llene de plantones por todos los sitios es preguntar.

Tienes que hacerte preguntas. Hay que hacerlo continuamente. ¿El proceso funciona correctamente? ¿Hay algo que no termina de encajar? ¿Puedo mejorarlo?

Preguntas, preguntas,… Las cosas están bien hasta que dejan de estarlo, pero si no te haces las suficientes preguntas es probable que no te des cuenta. Siempre tienes que preguntarte… te tienes que preguntar “qué hace este soldado aquí”.

Salvador Figueros

Foto: fazen / flickr

¿Qué Tienen De Malo Tus Decisiones?

números

La mejor decisión suele ser la tuya. ¿Por qué? Porque es la tuya. Es suficiente razón.

Además, eres un tipo serio. Has estudiado el caso. Te has sumergido en montañas de información. Has devorado todo lo que estaba a tu alcance y al final has llegado a una conclusión: tu decisión.

Así es como se hacen las cosas. Se estudian, se interpretan y se toman decisiones. Es la forma lógica de proceder. Si lo haces así no puedes fallar… o sí.

Una secuencia de tres números

En la década de los 60, Peter Wason realizó un experimento interesante.

Cogió a un montón de voluntarios y les planteó el mismo problema. Les dio una serie de tres números (2-4-6) y les pidió que averiguasen qué regla seguía esta secuencia.

Para hacerlo, los voluntarios podían presentar secuencias de tres números a Wason para verificar que esas nuevas secuencias seguían la regla. De esta forma, confirmaban su hipótesis sobre la regla antes de hacerla pública.

Cómo trabaja nuestra cabeza

La mayoría de los voluntarios asumían que la regla era alguna sucesión de números pares.

Podía ser una simple sucesión de números pares y, entonces, presentaban una secuencia como 8-14-16 ó 10-18-28 ó… y Wason confirmaba que esas secuencias seguían la regla.

También podía tratarse de una sucesión de números pares con la misma diferencia par entre ellos. Entonces, 10-12-14 ó 16-18-20 o alguna otra combinación similar podía funcionar… Wason confirmaba que esas nuevas secuencias seguían la regla.

Por lo general, todos los voluntarios probaban con alguna secuencia más o menos similar a las que he comentado. Lo hacían hasta que se sentían lo suficientemente seguros como para dar su versión de la regla.

Finalmente, daban su solución con una gran confianza, pero todas las soluciones eran incorrectas.

Cómo son las cosas

Cuando los voluntarios recibían la primera secuencia de números (2-4-6), formulaban rápidamente una hipótesis: “La regla tiene que ser alguna secuencia de números pares”.

A partir de ahí, todos trabajaban para demostrar su hipótesis. Todos presentaban secuencias que respetaban esa hipótesis y, cuando recibían la confirmación por parte de Wason, reforzaban la idea sobre la validez de su hipótesis hasta que la hacían pública.

Todo tenía sentido, todo era lógico, pero era erróneo.

La regla correcta era muy básica. La regla consistía, simplemente, en incrementar números. Sencillo. Cualquier combinación de tres números donde el posterior fuese superior al anterior habría confirmado la regla: 1-2-3, 14-15-16, 5-6-100,…

Validar o Invalidar

¿Por qué? ¿Por qué ocurre esto? Bueno… ocurre porque la manera en la que procedemos siempre es más o menos similar.

Ante una situación, primero formulamos una hipótesis y después intentamos validarla. Intentamos buscar evidencias que nos confirmen que nuestra hipótesis es correcta. Es un mecanismo mental que se produce casi siempre.

Habría bastado con presentar alguna secuencia de tres números que incluyese un número impar (2-3-4, 3-5-6,…) para demostrar que la hipótesis inicial no era válida.

Habría sido muy sencillo hacerlo, pero no lo hicieron. Todos siguieron insistiendo en validar su hipótesis en lugar de invalidarla. Así son las cosas.

La mejor decisión

La mejor decisión puede ser la tuya. Quizá, pero debes tener cuidado. Hay muchas probabilidades de que tú y todos estemos sesgados por nuestras ideas.

Cuando esto ocurre vamos a buscar cualquier evidencia que pueda demostrarlas. Nos vamos a llenar de argumentos hasta arriba y vamos a defender nuestras ideas cargados de razón.

Pero esta razón no es la razón. Esta razón es nuestra razón y nuestra razón no tiene que ser la mejor fórmula para tomar decisiones. En especial, las que afectan a nuestro negocio.

Salvador Figueros

Foto: Milestoned / flickr

Cómo Gestionar La Complejidad

complexity

Una definición sencilla de complejidad puede ser “muchos distintos”. Le puedes añadir más cosas o poner más coletillas, pero básicamente es eso: “muchos distintos”.

La complejidad es parte de tu negocio. Simplemente pasa. Cuando todo va creciendo aparece este concepto. Es como una etapa más de su desarrollo.

No hay sorpresa. Si tienes un negocio, sabes que llegará. Todo irá creciendo, desarrollándose y alcanzarás ese nivel en el que tienes que enfrentarte a muchas más cosas distintas entre sí.

La complejidad es una característica

No tiene nada que ver con algo concreto. Ocurre 360º. Lo clientes van aumentando y tienen características distintas. Los empleados son más numerosos y tienen roles diferentes. Los procesos son muchos más y tienen más complicación. Cada vez tienes más productos más distintos entre sí…

La complejidad es una característica. No es más. Tampoco es un problema.

La dificultad no está en que lo que te rodea se vaya haciendo más complejo. La dificultad tiene que ver con la forma en la que gestionas la nueva situación.

Una respuesta de la misma naturaleza

Puedes hacerlo reaccionando de la misma forma. Puedes incorporar más cosas  para gestionar más cosas. Puedes incorporar más diferencia para gestionar más diferencia. Puedes hacerlo.

Al final, es un modelo que se va retroalimentando. El aumento de la complejidad exige medidas más complejas para gestionarla. Exige una respuesta de la misma naturaleza.

Puede parecer intuitivo. Si te sientes cómodo así, puedes intentarlo. Puedes gestionar tu compañía de esa manera. No es fácil.

Otra forma de hacerlo

Hay otra forma de hacerlo completamente distinta. Tiene poco que ver con “muchos distintos”.

Hay una forma de hacerlo que clasifica la complejidad. La mete en cajones. La etiqueta. Ése es el primer paso. Primero hay que poner orden.

Después, puedes decidir qué nivel de complejidad merece la pena. Tu compañía crece. Incorpora cosas. Algunas cosas tienen más sentido que otras. Algunos clientes tienen más sentido que otros. Algunos productos tienen más sentido que otros. Algunos…

Es el momento de sacar algo de complejidad de cada uno de los cajones. La complejidad que no aporta demasiado. La que no te ayuda a mejorar. La complejidad que sobra.

¿Qué haces con el resto, con la que sí aporta? ¿Más medidas? Bueno… es una posibilidad. Quizá, no es la mejor posibilidad.

Soy de los que piensa que añadir complejidad para gestionar situaciones complejas no funciona.

A veces, tiene más sentido centrarse, entender y buscar la medida relevante. A veces un pequeño esfuerzo puede llegar muy lejos.

Salvador Figueros

Foto: Zilupe / flickr

Pequeños Detalles y Gran Fotografía

on air

Estábamos en un plató de televisión. Grabábamos por la noche. Primero, había que terminar el programa. Luego, se dedicaba un tiempo a grabar el espacio de todos los patrocinadores.

Ese día tocaba champú. Una gran multinacional del sector había comprado el patrocinio principal. Ese formato te daba derecho a una serie de avances patrocinados a lo largo de la semana, las caretas de entrada y salida y un espacio de unos 3 minutos de duración dentro del programa.

Todo estaba preparado. Los actores, el presentador, la escenografía,… todo. Después de la señal del realizador, empieza la acción. Un concurso simplón que servía de excusa para mostrar el producto y hablar de todas sus bondades.

De repente, una de las personas de la agencia de publicidad que acompañaba al cliente salta en medio del set gritando: “alto, alto…hay que parar, hay que parar, no podemos seguir”

Los pequeños detalles

La situación era bastante graciosa. Si has estado alguna vez en un plató de televisión, sabes que la orden de grabar y cortar la da el realizador. Ése es su terreno. Él manda. Los demás vemos, callamos y cuando ha terminado la grabación comentamos.

Si el tema es correcto, si se ha respetado lo que estaba previsto desde el punto de vista del patrocinador, se da el ok a la grabación y se acabó. Si no es así, se repite y punto.

Pero allí estaba el hombre de la agencia de publicidad en medio del set gritando “alto, alto,..” mientras todos le miraban con cara de sorpresa.

El tipo se adelanta unos pasos en dirección al panel que hace de fondo del escenario (6 metros de ancho por 3 metros de alto) y quita algo que parece un hilo de coser de unos 6 o 7 centímetros de largo. Cuando lo ha retirado, mira a todo el mundo y dice: “ya podemos continuar”.

La gran fotografía

Es curioso el comportamiento de la gente. Eres capaz de parar una grabación para retirar una especie de hilo que pasa absolutamente desapercibido, pero no te planteas otras cosas.

Quitas un hilo que no se iba a ver. Que no se podía ver por muchas razones. Porque la realización de televisión funciona en un 80-90% en planos cortos de personas. Porque sólo iba a entrar en los planos generales. Porque un plano general que coge todo el escenario es demasiado grande para que se vea ningún detalle. Porque…

Hay un montón de porqués, pero da lo mismo. Alguien decide que el pequeño detalle se carga la grabación y la para. Sin más.

Es curioso el comportamiento de la gente. Es curioso cómo se preocupan por el pequeño detalle. Es mucho más curioso cuando se deja de lado la gran fotografía.

En este caso, la gran fotografía era el patrocinio de un programa de entretenimiento. Un programa bastante simplón con toques de humor lo suficientemente vulgares como para poder funcionar y un patrocinador que definía “la elegancia” como su principal valor.

Vulgaridad y elegancia son una extraña pareja. Es complicado hacerla funcionar. Pero el problema no estaba en la dificultad de encajar los valores de una marca en el estilo de un programa de televisión que estaba en el extremo opuesto. El problema estaba en un hilo de 6 centímetros inexistente para el 99,99% de la gente que estábamos allí.

Los pequeños detalles y la gran fotografía

Los dos son importantes. Los dos tienen su lógica. Los dos hay que cuidarlos, pero no son iguales.

Al final, siempre gana el que tiene más peso. El que tiene más peso en el resultado final. Pueden ser los pequeños detalles. ¿Por qué no? Hay negocios que sólo son eso, pequeños detalles.

También puede ser la gran fotografía. Es grande. Es completa. Te da mucha información.

Lo hagas como lo hagas, pequeños detalles o gran fotografía, la próxima vez que tengas que centrarte en algo asegúrate de que mida más de 6 centímetros de largo.

Salvador Figueros

foto: curtis.kennington / flickr

¡Cuidado Con El Último Escalón!

escalera

Es probable que hayas tenido una experiencia parecida. Entras en un sitio. El que sea. Hay un letrero bien grande que dice “¡Cuidado con el último escalón!”.

Lo lees sin problemas. Almacenas la información y empiezas a subir o bajar la escalera de turno.

Casi con toda probabilidad tendrás problemas en el último escalón. Casi con toda probabilidad tropezarás en el último escalón.

Ley física

¿Por qué? Porque es así. Sabes que hay un último escalón y sabes que hay que tener cuidado.

Luego empiezas a subir. Vas cogiendo confianza. En algún momento olvidas que hay que estar alerta. Al final, aparece el último escalón y tropiezas. Ley física.

La teoría del último escalón

Yo le llamo así. La teoría del último escalón. Tiene que ver con la confianza. Con la confianza mal entendida.

Tienes un negocio. Lo gestionas. Sabes lo que tienes que hacer y lo haces. Poco a poco vas cogiendo velocidad de crucero.

Un día. Otro. Las cosas van razonablemente bien. Sigues progresando. Hay peligros ahí fuera. Los conoces y tienes que estar preparado, pero todo sigue avanzando y te encuentras bien.

Cada vez mejor. Tu confianza está por las nubes. Te relajas y olvidas que las cosas pueden cambiar. Que las cosas se pueden estropear y hay que estar listos para cuando llegue el momento.

Al final, el momento llega, te sorprende. Tu confianza te ha hecho relajarte. Bajas la guardia. Te has topado con el último escalón y has tropezado. Fin de la historia.

Siempre

Ocurre siempre. Ocurre con tu negocio. Ocurre con el disco duro que se estropea sin copia de seguridad. Ocurre con las llaves que se quedan dentro sin copias disponibles. Ocurre…

El problema no es que ocurra. El problema es que sabes que puede ocurrir y no has hecho lo suficiente para amortiguar el impacto. El problema es que has olvidado que hay escalones que son distintos y sigues tropezando con ellos.

Salvador Figueros

Foto: extranoise / flickr

La Ley Del Enchufe

enchufe

No lo puedes evitar fácilmente. Algo no funciona y empiezas a toquetear. Es la reacción natural. Lo hacemos todos.

Hace unos meses, actualicé el plugin (funcionalidad) de mi blog que me permite planificar mis artículos futuros según fechas.

Enseguida, la oscuridad. Mi blog desapareció. A partir de la actualización, no podía entrar en mi Web. Cuando lo intentaba, aparecía un mensaje de error.

Accedí a las carpetas de mi dominio a través de FileZilla y empecé a toquetear. Es la reacción natural. Toqueteé un poco por aquí, un poco por allí. Toqueteé por todos los sitios. Nada.

Si nada, entonces sigo tocando. No respeta ningún principio lógico, pero es así como funciona.

Unas cuantas horas y muchos nadas después, se me iluminó la bombilla. Y si tecleo el nombre del plugin en Google y veo si hay alguna referencia a este problema, ¿qué puede pasar?

¿Qué puede pasar? Pasa algo fantástico. Allí estaba la solución. Un montón de entradas con la solución.

El desarrollador del plugin no había tenido en cuenta la última actualización de WordPress (la plataforma de contenido sobre la que corre mi blog) y eso provocaba el fallo del sistema.

Sólo tenía que seguir los pasos que aparecían en cualquiera de las entradas de Google, desinstalar el plugin e instalar la nueva versión corregida. Hecho.

En mi caso fue un poco más complicado. En mi caso tuve que destoquetear todo lo que había toqueteado anteriormente por no haber buscado la solución más sencilla desde el primer momento.

La Ley del Enchufe

Es una ley universal. Se da cuando trabajas con cualquier cosa que tenga que ver con un ordenador.

De repente, la impresora deja de imprimir o la conexión a Internet deja de funcionar o… lo que sea. De repente las cosas se paran.

Entonces llamas al servicio técnico. Estás apurado. Tienes que conectarte a la oficina desde casa para terminar un trabajo urgente, pero la conexión no responde. Se lo dices al tipo que está al otro lado de la línea. Le dices que no es la primera vez. Que las cosas fallan más de lo que deberían fallar. Que estás empezando a…

El tipo no se inmuta demasiado. Cuando terminas de decirle todo lo que quieras decirle, te responde con una voz uniforme: “Por favor, compruebe que el enchufe está bien conectado”.

El primer impulso

Era el enchufe. Era lo obvio. Lo inmediato. Ahí termina todo.

El primer impulso no funciona. Es el que manda, pero no funciona. Lo sencillo funciona. Lo obvio funciona o, por lo menos, debe ser la primera alternativa.

Cuando tengas que resolver un problema, no busques soluciones raras. En la mayoría de los casos, no las vas a encontrar.

Cuando tengas que resolver un problema, céntrate en lo más sencillo. Sigue siempre el mismo protocolo. Primero lo evidente.

Aunque los problemas sean distintos, las fórmulas para encontrar las soluciones son parecidas.

Cuando tengas un problema, comprueba primero que el enchufe está conectado.

Salvador Figueros

Foto: espensorvik / flickr