¿Cuánto Tengo Que Preparar Mis Presentaciones?

armario

Ésta es una pregunta que surge con bastante frecuencia. Tienes una presentación importante. Quieres que salga bien. Entonces… ¿cuánto tiempo hay que dedicarle a la preparación?

La respuesta no es fácil. No es fácil porque depende de cada uno. No hay una fórmula matemática que te solucione el problema.

Lo que no tienes que hacer

Es un error de principiante que se repite en muchos profesionales. “No te aprendas la presentación de memoria”.

Algunos tienen la sensación de que al recitar de carrerilla su presentación transmiten seguridad, conocimiento,… yo que sé, un montón de cosas.

La realidad es bastante diferente. Cuando sueltas tu presentación de memoria, pierdes toda la frescura. Es algo muy poco natural. Es de plástico.

Además, tienes un peligro añadido. Corres el riesgo de perder el hilo en algún momento. Si te ha ocurrido, sabes de lo que hablo. Si todavía no has pasado por esa experiencia, tienes que saber que es bastante desagradable.

Cuando te falla la memoria, no puedes tirar de los conceptos. Tienes que tirar de las palabras y, si no las encuentras, te bloqueas. No es una gran sensación estar delante de un montón de personas intentando encontrar la palabra que te falta para seguir con tu presentación.

La teoría del armario

El armario es un elemento visual que me gusta utilizar. Yo veo mis presentaciones como un armario lleno de cajones.

El armario es la presentación y los cajones son los distintos bloques en los que está dividida mi presentación.

Cada cajón contiene un tipo específico de conceptos. Conceptos homogéneos. Ésa es la razón por la que se guardan en el mismo cajón.

Yo preparo mis presentaciones hasta el punto en el que soy capaz de recordar todos los cajones y lo que guardo en cada uno de ellos.

Para mí, ése es el límite de la preparación. Cuando soy capaz de recordar con soltura los bloques que conforman mi presentación y los elementos que hay en cada uno de ellos, paro.

Ir más allá no me ayuda demasiado. Por lo general, seguir insistiendo sólo me aporta rigidez.

Prefiero tener la libertad de manejar los conceptos dentro del cajón tal como van surgiendo. Así me siento más cómodo y no estoy sujeto a un guión demasiado cerrado.

Al final es un tema de gustos, pero la conclusión siempre es parecida. Elimina la rigidez. ¿Cómo hacerlo? Con conocimiento y organización. Lo demás sale solo.

Salvador Figueros

Foto: Rubbermaid Products / flickr

Energía

energía

Si quieres aprender a hablar en público o mejorar tus habilidades, ahí fuera hay un montón de material.

Hay blogs en castellano que te pueden ayudar (El arte de presentar, Speak and Span,…). Si chapurreas algo de inglés, las posibilidades son infinitas (Nancy Duarte, Presentation Zen, Jerry Weissman, Six Minutes,…).

En todos ellos puedes encontrar los fundamentos de una buena presentación. Cómo hay que prepararlas. Cómo hay que estudiar a la audiencia. Cómo hay que moverse por el escenario. Qué tipo de gestos hay que realizar. Cómo tiene que ser tu voz. Cómo tienes que estructurar el contenido. Cómo… Te enseñan todo lo que necesitas para hacer una gran presentación.

Luego ves a un tipo que apenas habla tu idioma. Le dan cinco minutos y le ponen delante de una audiencia de cientos de personas.

Utiliza un par de slides con dos conceptos. Sale, coge el micrófono y el escenario se ilumina.

¿Qué tiene? Poca cosa. Dos slides, un mal castellano y una energía particular. Una energía que le hace diferente. Una energía que se transmite rápidamente. Una energía que conecta con la audiencia.

Termina y todo el mundo aplaude. Al final, queda un mensaje sencillo y el recuerdo de la energía. La energía que no se estudia en ningún sitio. La energía que hay en todas las grandes presentaciones.

Salvador Figueros

Foto: johangunnarsson.se / flickr

Cuidado Con Tus Palabras

Es algo que pasa con cierta frecuencia. Las compañías tienen problemas. Las cosas fallan. Hay veces que lo puedes evitar. En otras ocasiones, es más difícil.

Da igual. Siempre puedes gestionar. Los errores ocurren pero se pueden gestionar. Mejor o peor. No es lo mismo.

Al final, ahí está la diferencia. Cómo gestionas tus errores. Qué soluciones ofreces.

Mi historia

Seguro que te ha ocurrido en más de una ocasión. Te subes a un avión. Es un avión, es rápido. Te va a llevar a tu destino en un abrir y cerrar de ojos. Subes con esa idea y cuando estás dentro… Cuando estás dentro no pasa nada. Retraso. Algo falla. Hay que esperar.

Éste es uno de esos casos molestos. Algo ha fallado y tiene consecuencias. Vas a llegar tarde. Vas a perderte la reunión. Vas a… lo que sea. En cualquier caso, no es la mejor de las situaciones.

El fallo está. Ahora, no se puede hacer nada. Hay que tomar medidas para el futuro. Sí, aprender. Intentar evitar que se produzca de nuevo. Pero, ahora, sólo puedes gestionarlo.

La gestión

Una voz agradable suena por la megafonía del avión. Ésa es la primera medida. Informar. Hay alguien que coge el micrófono y te dice cómo están las cosas. Te quita algo de ansiedad.

Decir cosas es importante, pero no es suficiente. Las palabras cuentan. Hay que ver lo que dices. También cómo lo dices. Pero lo que dices puede ser definitivo.

La voz agradable dice que “lamentan comunicar que el vuelo sufrirá un pequeño retraso”. Vale. Está bien, pero parece bastante obvio. Ya deberías estar volando.

Hay algo más. Más información. El motivo del retraso. “Nos demoraremos unos minutos más hasta que solucionemos un pequeño problema con… la máquina de calentar café”.

Las palabras cuentan

La máquina de calentar café es información, pero no es buena información. No te ayuda  a gestionar. ¿No despegas porque el café está frío? Molesta.

Las palabras cuentan. Lo que dices cuenta. No basta con decir la verdad. Hay muchas verdades distintas. Hay que decir la verdad adecuada. La que te ayuda.

¿No se puede despegar hasta arreglar la máquina del café? Puede ser. No lo sé. Quizá, sea parte del protocolo. Hay protocolos para todo. Algunos con más sentido que otros. El problema no es la máquina de calentar café. El problema es lo que dices.

Hay muchas formas de decirlo. “Lamentamos la demora. Estamos solucionando un pequeño problema técnico. En unos minutos entraremos en pista”. No es lo mismo. Suena mejor y molesta menos.

Las palabras son importantes. Cuentan. Cuando las utilizas mal, complican las cosas. Cuando sabes como manejarlas, te ayudan a gestionar problemas.

Salvador Figueros

Foto: _Zeta_ / flickr

¿Quiénes Son Los Mejores Negociadores Del Mundo?

La presentación que tienes arriba es una gran presentación. Alejandro Hernández es un experto en negociación. Lo sabe todo y lo cuenta mejor. Si te interesa el tema, tienes que verla. Seguro que encuentras algunas perlas que merecen la pena.

El contenido de la conferencia es magnífico, pero me interesa mucho más la forma. Cómo dice lo que dice. Cómo lo cuenta. El “cómo” y el “qué” funcionan y el resultado es fantástico.

La magia del enfoque

El enfoque es uno de los elementos que se olvidan con más frecuencia. Sales y cuentas algo. No le das enfoque y suenas como todos. Plano y aburrido. Es difícil diferenciarse cuando no utilizas un enfoque particular.

Las cosas son así, pero pueden dejar de serlo. Sólo tienes que utilizar tu enfoque o cambiar el enfoque tradicional. Alejandro lo hace en su presentación. Habla de negociación. Es un tema conocido, pero lo hace con otro enfoque. Lo hace con el enfoque de los niños y, a partir de ahí, todo es distinto. Es fresco, es diferente y es interesante.

¿Qué soporte necesitas?

Cuando dominas tus historias, sales y las cuentas. No necesitas mucho más. Tienes tanto que contar que sólo tienes que organizar las ideas y hacerlo. Le das una estructura para que el público no se pierda, para hacérselo más fácil. Luego, les vas guiando por esa estructura para que te sigan.

La presentación de Alejandro es un magnífico ejemplo. Estructura su presentación en base a las herramientas que utilizan los niños para negociar y te va llevando una a una hasta el final.

¿Qué hace en cada uno de los puntos de su itinerario? Cuenta una historia. Relata algo. Lo dramatiza. Hace partícipe a la audiencia. Les pregunta y… no utiliza más soporte que su palabra y sus gestos. Es suficiente. Funciona.

Quiero que me recuerden

Demasiadas presentaciones, demasiadas conferencias, demasiada… información. Quieres que te recuerden. Ésa es la idea, pero no es fácil entre tanto de todo.

Todos queremos que nos recuerden y que cuando lo hagan conecten con nuestro mensaje.

Para eso sirven los anclajes, para ayudar a recordar. El anclaje es algo que se fija firmemente en la mente de la audiencia. Que te identifica y les facilita el recuerdo.

Alejandro utiliza un frisbee como cierre de su presentación. ¿Por qué? Porque la negociación es un juego de niños donde todos deben ganar. Mira a la audiencia, da este mensaje final y les lanza el frisbee.

Cierra con su “takeaway” (mensaje principal de la presentación que quiere que te lleves a casa) y deja un anclaje en tu mente que quedará ahí para siempre.

Cuando pienses en Ted Valencia, pensarás en el frisbee de Alejandro, te vendrán a la mente sus historias y recordarás que los niños son los mejores negociadores del mundo.

Salvador Figueros

Empieza Con Un Terremoto

Maverick (Mel Gibson) está maniatado encima de su caballo. Tiene una soga alrededor de su cuello que cuelga de un árbol. Un tipo con pinta de malo (Alfred Molina) le mira y se ríe. Tira una especie de saco al suelo y se va.

Maverick mira el saco de tela. Parece que se mueve. De repente, plano de la cabeza de una serpiente de cascabel asomando por el saco. El caballo de Maverick resopla y empieza a moverse. Maverick está asustado. El caballo sigue moviéndose. Se mueve. Se mueve…

Así es como empieza la magnífica película “Maverick” de Richard Donner. No se me ocurre una manera mejor de empezar una historia. Sin tiempo para respirar, ya estás metido en un momento de máxima tensión. Luego, la película.

Creo que era Hitchcock el que decía que las películas debían empezar con un terremoto y, a partir de ahí, seguir subiendo. Eso es lo que ocurre en “Maverick” y eso es lo que debería pasar siempre que cuentas una historia.

Da lo mismo si la historia es una historia de ficción o una historia de negocios. Cualquier historia debe enganchar desde el minuto uno.

Las sorpresas despiertan

La sorpresa es notoria. Te despierta. Te saca de tu inercia. Si ocurre algo de repente, algo que no esperas, te enciendes de golpe. Conectas el ON y ya estás en funcionamiento. No necesitas nada más.

La gran ventaja de la sorpresa sobre otras fórmulas es que se salta el calentamiento y te mete de golpe en la acción. Ahorras tiempo. Es más directa.

Marca el tono desde el inicio

Cuando empiezas ahí arriba, le estás diciendo a tu audiencia cuál va a ser el estilo de tu presentación. Qué puede esperar de ti, de tu historia o de tu producto.

Si nada más empezar estás a tope de revoluciones, lo que está por venir puede ser fantástico. Es un fenómeno natural. Tendemos a realizar proyecciones cuando tenemos puntos de referencia. Si el inicio es trepidante, lo que sigue debe ser increíble. Si empezamos flojos, se plantean dudas.

Si hay interés, hay historia

La combinación de algo notorio y unas expectativas atractivas es igual a interés. No hay nada mejor que tu audiencia quiera saber más. Cuando hay interés, sólo tienes que llevarles por tu historia. Conduciéndoles. Dándoles sus dosis de información. Si lo haces bien, consumirán todo y querrán más.

El interés es importante. Cuando lo pierdes, las cosas son diferentes. Tienes que forzar la información. Eso, por lo general, no funciona.

Las historias son una de las piezas fundamentales de nuestra comunicación. Cuando hablamos, contamos historias largas, cortas, divertidas, aburridas,… Siempre contamos algo. Se lo cuentas a tu audiencia, se lo cuentas a tu mercado, se lo cuentas a…

Cuenta buenas historias. Historias que empiecen con un terremoto y de ahí para arriba. Historias que merezcan la pena. Historias que comuniquen tu mensaje.

 

Salvador Figueros

Foto: fontplaydotcom / flickr

¡Éste NO Es Un Post Sobre Steve Jobs!

Abres tu correo y encuentras una noticia sobre Steve Jobs. Entras en tus blogs favoritos y hablan de Steve jobs. Te reúnes con amigos y sale el tema de Steve Jobs.

Steve Jobs ha dejado su puesto en Apple (algo había oído). Todos hablan de lo que se pierde con la marcha de Jobs. De lo mucho que ha hecho por el mundo de los negocios y la tecnología. Del concepto de innovación y su futuro.

Ahora, preocupa su sucesión. Es la correcta. ¿Sí? ¿No? ¿Por qué? ¿Mantendrá Apple su papel de compañía rompedora? ¿Conseguirá superar esta situación?

Todo esto está muy bien. Steve Jobs es un personaje importante. Lo que ocurre alrededor de él y de su compañía es importante. Tiene interés.

Todo esto está muy bien, pero es aburrido. Las noticias tienen interés. Cuando se repiten hasta la saciedad, lo pierden. Cuando ya está todo dicho, no son noticia.

Si quieres contar algo y enganchar a tu audiencia, tienes que seguir una de estas dos pautas:

1.- Tienes que ser el primero: el primero es original. Es nuevo. Cuando cuentas algo nuevo es fresco. Sorprende. Esa es la fuerza de la novedad. Aporta algo que no existía. Aporta diferencia y la diferencia engancha.

Lees un post y habla de la decisión de Steve Jobs y el futuro de Apple. No es nuevo. Ya lo han contado muchos. Algunos grandes también lo hacen. Seth Godin es uno de ellos. Seth Godin también lo cuenta, pero es diferente. No es mejor ni peor. Él está ahí arriba. Puede contar muchas cosas. Su audiencia se lo permite. Es como un halo que tienen algunos. Si tú no lo tienes todavía, no lo hagas.

2.- Tienes que utilizar otro enfoque. Los que tienen la capacidad de ver las cosas desde distintas posiciones tienen interés. Steve Jobs es capaz de hacerlo. Seguramente eso ha convertido a Apple en una de las compañías más grandes del mundo.

Si quieres hablar de Jobs, hazlo, pero no digas lo que dicen otros. Utiliza otros puntos de vista. Sus éxitos los conocemos todos. Habla de sus fracasos. Habla de la relación con Wozniak. Habla de… Habla de lo que quieras pero no repitas las cosas. ¿Por qué deberías hacerlo? Dame una sola razón para repetir lo que han dicho otros. Es aburrido.

Éste no es un post sobre Steve Jobs. Éste es un post sobre cómo resultar interesante. Sobre cómo aportar algo nuevo. Sobre cómo enganchar.

Apple lo ha hecho durante mucho tiempo. Tú y tu negocio también podéis hacerlo. Lo único que tienes que intentar es ser valiente, aportar un enfoque diferente y, en palabras de Jobs, “make a dent in the universe” (dejar tu huella en el universo).

 

Salvador Figueros

Foto: goandgo / flickr

 

¡No Quiero Hablar En Público!

Te subes a un escenario. Hay un montón de gente delante de ti. Están esperando que les cuentes algo. No les puedes reconocer. Sólo ves un montón de cabezas que te están juzgando. Te sientes incómodo y empiezas a sudar. Los músculos se agarrotan. No te acuerdas de nada. Ahora, hay que empezar a hablar.

Ésta es una situación típica. Todos hemos pasado por algo así en algún momento. Estás experimentando el miedo a hablar en público. No pasa nada. Es normal.

Hablar en público no es algo que hagamos de forma natural. No estamos acostumbrados. Cuando nos enfrentamos a cosas nuevas, tenemos miedo. Todos tienen miedo. Unos lo controlan mejor que otros, pero el miedo está ahí.

Si quieres ser emprendedor, tienes que hablar en público. No hay otra forma de hacerlo. Tienes que Seguir leyendo “¡No Quiero Hablar En Público!”