¿Quién es Frank Howser?

Es probable que nunca hayas oído hablar de él. Jay Abraham cuenta su historia en uno de sus libros.

Frank era una especie de decorador que diseñaba y construía stands de feria. En cierta ocasión se le acercaron un par de jóvenes para proponerle un trato. Querían que Frank les construyese algo atractivo para la feria en la que habían planeado presentar sus productos.

Los jóvenes eran dos emprendedores que estaban arrancando su pequeño start up. No tenían demasiados recursos y propusieron pagar el stand con acciones de su recién creada compañía.

Frank no lo vio claro y rechazo el trabajo. Los dos jóvenes eran Steve Jobs y Steve Wozniak. La compañía era Apple Computers.

Lo tradicional no siempre funciona

Frank tuvo dudas. Dos chavales jóvenes. Una compañía que empieza y acciones. No estaba demasiado claro. Demasiada apuesta. Demasiada desconfianza.

Mucho mejor los tratos tradicionales. Aquí tienes tu stand. Aquí tienes tu dinero. Limpio. Como siempre. Sin experimentos que ponen en riesgo tu esfuerzo.

Así es más fácil. También es más cómodo. Quizá los resultados no tienen porqué ser los mejores. Pero da lo mismo. Estás más tranquilo.

Muchos pensarán como Frank. Muchos verán demasiado riesgo en esa operación. Muchos prefieren la seguridad de lo tradicional, pero lo tradicional no siempre funciona.

Las oportunidades extraordinarias se presentan de forma extraordinaria

Es así. Lo realmente extraordinario sigue otras pautas. No tiene un guión establecido. Se sale de la norma. ¿Por qué? Sencillamente, porque es extraordinario. Si no lo fuese, seguiría los patrones tradicionales. Patrones reconocibles. Seguros pero menos interesantes.

Sí, es más complicado reconocer ese tipo de oportunidades. En eso consiste el juego. En encontrar oportunidades increíbles. Lamentablemente, no llevan un letrero colgando que dice “oportunidad del siglo”. Pero todas tienen una característica común. No se parecen en nada a las normales. Es una buena pista. Es un buen punto de partida.

Frank tomó su decisión. Compró su tranquilidad. Apostó por lo ortodoxo. Evito la ansiedad y dejó pasar la oportunidad de hacerse asquerosamente rico.

Salvador Figueros

Foto: PopCultureGeek.com / flickr

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