¿Qué nos Enseña un Naufragio sobre Liderazgo?

El 22 de octubre de 1707 tuvo lugar uno de los mayores desastres navales de la historia de Gran Bretaña.

En medio de una tormenta, cuatro barcos de la armada británica se estrellaron contra las costas de las islas Scilly. El número de marineros que perdieron la vida nunca se supo con seguridad. Las cifras que se manejaron oscilan entre 1.400 y 2.000.

La flota estaba comandada por Sir Cloudesley Shovell (comandante en jefe de la armada británica). La trayectoria de Shovell y su participación en numerosas batallas le habían convertido en un héroe popular. Sin embargo, es recordado como el causante de una de las mayores tragedias de la historia naval de Gran Bretaña.

¿Cuál fue la razón para que uno de los marinos más experimentados de la armada británica pediese el rumbo y terminase incrustado en las rocas de las islas Scilly?

Se barajaron muchas hipótesis. Aunque no se puede afirmar con seguridad, parece que el motivo que causó el accidente fue la falta de capacidad del comandante para interpretar correctamente la “longitud” y calcular su posición correcta.

Además, para complicar algo más la historia, cuenta la leyenda que un marinero raso le advirtió del error que estaba cometiendo. Shovell no hizo caso de la advertencia y le colgó del palo mayor por amotinarse.

Al final, cuatro barcos y 2.000 marineros terminaban en el fondo de las aguas de las islas Scilly.

Esta historia es perfecta para ilustrar algunos de los aspectos más importantes del liderazgo. Para ser un buen líder, debes:

1.- Tener la autoridad. Shovell se la había ganado con su participación en numerosas batallas defendiendo los intereses de Gran Bretaña. Era un personaje reconocido y admirado.

2.- Tener el conocimiento. El comandante Shovell se había unido a la armada cuando tenía 14 años y durante todo el tiempo que sirvió a su país (43 años) desempeñó todas las responsabilidades imaginables.

3.- Tener los elementos necesarios. En el momento de la tragedia, Shovell comandaba una flota de hombres de mar equipada con las mejores herramientas de la época. Si estaban preparados para pelear en cualquier batalla, debían estarlo para sortear unas islas en su rumbo.

4.- Saber interpretar correctamente esos elementos. Shovell cometió dos errores fatales. El primero fue no interpretar correctamente la “longitud” de su posición. Tenía el conocimiento y las herramientas, pero se equivocó en la interpretación. El segundo, no prestar atención a la alarma que dio el marinero. No supo escuchar a los demás.

Al final de toda la historia, lo que queda es que Shovell fue un mal líder. Llevó a la muerte a cientos de personas por no manejar correctamente todos los aspectos del liderazgo.

Esta lección la puedes aplicar en todos los ámbitos: profesional y personal. Si quieres dirigir un proyecto, asegúrate de que no te dejas ninguno de estos aspectos por el camino.

Y recuerda que los buenos líderes siempre llegan a puerto.

Salvador Figueros

Foto: Vito7 / Flickr

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